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A los pocos días de terminado el campeonato del mundo, ambos
espías italianos visitaron al jugador argentino Luis Monti,
ofreciéndole cinco mil dólares mensuales de sueldo,
una casa y un auto.
El futbolista recordaría ese encuentro de la siguiente manera:
"Fue maravilloso, todos los argentinos me habían hecho
sentir una porquería, un gusano, tildándome de cobarde
y echando exclusivamente la culpa de la derrota en la final mundialista
ante los uruguayos. Y de pronto me encontraba ante dos personas
que venían del extranjero a ofrecerme una fortuna por jugar
al fútbol. Durante aquel partido tuve mucho miedo porque
me amenazaron con matarme a mí y a mi madre. Estaba tan aterrado
que ni pensé en el partido que estaba jugando, y perjudiqué
así el esfuerzo de mis compañeros. Venir a Italia
a seguir mi carrera como futbolista es una bendición del
cielo.".
Meses más tarde de aquella visita, un representante del club
Juventus de Turín, llegó a Buenos Aires para hacerle
firmar el contrato. |