Los jugadores brasileños en vistas a lo hecho hasta
ese partido y minutos antes de rodar la pelota, le fueron
entregados en los vestuarios un reloj de oro para cada
uno, que en el dorso, estaban grabados con la siguiente
consigna: “Para los campeones del Mundo”.
A la salida del estadio se encontraban once limusinas
listas para llevar a cada uno de los jugadores brasileños
a sus hogares.
Los principales diarios de Brasil ya tenían sus
primeras planas impresas, las carrozas de carnaval estaban
preparadas para encabezar el carnaval de los festejos
y ya se habían vendido mas de 500.000 camisetas
con la inscripción de: “Brasil Campeao
1950”, el estadio se encontraba decorado con
pancartas que decían: “Homenaje a los
Campeones del Mundo”, además la Casa
de la Moneda había acuñado monedas conmemorativas
con los nombres de los jugadores brasileños, la
banda de músicos presente en el estadio, quienes
al finalizar el cotejo debían tocar el himno del
ganador, no tenían la partitura del Himno Uruguayo.
Incluso el mismo presidente de la F.I.F.A., Jules Rimet,
estaba convencido del triunfo local, en el bolsillo derecho
de su saco llevaba un discurso en homenaje a los campeones
brasileños, escrito en portugués.