|
| |
|
Obdulio
Varela, está todo dicho |
 |
Selección
de Uruguay |
|
El capitán de un equipo de fútbol, no es
sólo una cinta ancha en su brazo derecho, es la
bandera del equipo, es el estandarte. Es único
encargado de hablar con el árbitro, y por lo general
es el que le levanta la moral a sus compañeros
en caso de una derrota transitoria, si en algún
momento alguna luminaria se le ocurre realizar “El
Gran Diccionario del Fútbol”, al
lado de la palabra capitán deberá poner
una foto de Obdulio Varela.
Una de las tantas anécdotas de esa final que tiene
Obdulio Varela, es la que cuenta que luego de una seguidilla
de faules violentos cometidos por el brasileño
Bigode contra el uruguayo Ghiggia, Obdulio se cansa y
ante la pasividad del árbitro decide hacer justicia
por mano propia y castigarlo con una patada en los tobillos.
Mientras Bigode se retorcía de dolor en el piso,
Varela se agachó y le dijo: “... ¿Vio?,
Vocé empezó, ahora aguántesela si
es macho...”.
|
Cuenta
la leyenda, incluso tendría que figurar en los libros
de historia, que luego del gol brasileño convertido
por Friaca en la final del mundo, Obdulio recorrió
los treinta metros que lo separaban de la pelota, la cual
descansaba en el fondo de la red, a paso lento pero firme,
una vez que llegó hasta ella, la tomó con
sus brazos y la colocó bajo su axila derecha y de
ésta forma y con el mismo andar de antes, fue a reclamarle
un off-side inexistente al juez de línea y de esa
forma llevó el balón hasta el centro de la
cancha, mientras el capitán se acercaba al centro
del campo de juego, los 200.000 espectadores dejaron de
mirar al goleador local y fueron callándose poco
a poco hasta enmudecer por completo cuando Varela depositó
la pelota en el centro del estadio, en ese momento llamó
al árbitro y pidió un traductor, discutió
la posición adelantada durante varios minutos.
De ésta forma logró el objetivo de enfriar
el partido además, en ese preciso instante, sin ningún
tipo de arengas, le inoculó a sus diez compañeros
una inyección de ánimo, y a partir de ese
momento se empezó a gestar la levantada uruguaya
al grito de: “ahora sí, vamos a ganar el
partido”.
Luego Obdulio recordaría: “...Ahí
me di cuenta que si no enfriábamos el juego, si no
lo aquietábamos, esa máquina de jugar al fútbol
nos iba a demoler. Lo que hice fue demorar la reanudación
del juego, nada más. Esos tigres nos comían
si les servíamos el bocado muy rápido. Entonces
a paso lento crucé la cancha para hablar con el juez
de línea, reclamándole un |
 |
| Obdulio
Varela |
|
 |
Gol
de Friaca |
|
supuesto
off-side que no había existido, luego se
me acercó el árbitro y me amenazó
con expulsarme, pero hice que no lo entendía,
aprovechando que él no hablaba castellano
y que yo no sabía inglés. Pero mientras
hablaba varios jugadores contrarios me insultaban,
muy nerviosos, mientras las tribunas bramaban. Esa
actitud de los adversarios me hizo abrir los ojos,
tenían miedo de nosotros. Entonces, siempre
con la pelota entre mi brazo y mi cuerpo, me fui
hacia el centro del campo de juego. Luego vi a los
rivales que estaban pálidos e inseguros y
les dije a mis compañeros que éstos
no nos pueden ganar nunca, los nervios nuestros
se los habíamos pasado a ellos. El resto
fue lo más fácil.”. |
|
|
|