El pueblo carioca se sumió en la mayor congoja
colectiva que se tenga memoria provocada por un hecho
deportivo, la gente deambulaba por Río de Janeiro
en silencio, otros lloraban sin encontrar consuelo.
Por un día Brasil se vistió de luto, las
enormes fiestas populares programadas se suspendieron
y la alegría seguro que no fue brasileña.