Una vez finalizado el cotejo, los periodistas acosaron
al artífice de la jornada, preguntándole
como había ocurrido el triunfo de Uruguay sobre
Brasil, Obdulio pensó la respuesta unos segundos,
meneando la cabeza y con voz firme respondió: “Fue
casualidad”, inmediatamente después
le quisieron sacar una foto, entonces él se puso
de espaldas. El mismo Obdulio ampliaría su declaración
a los tres días del partido: “Ganamos
porque ganamos, nada más. Brasil era una máquina:
nos llenaron a pelotazos. Métanselo en la cabeza:
jugamos cien veces y sólo ganamos esa...La casualidad
nos dio el triunfo”.
Obdulio pasó la noche de la coronación bebiendo
cerveza de bar en bar, (mientras que varios de sus compañeros
tenían miedo de que los mataran al salir) abrazado
a los vencidos, en los mostradores de Río de Janeiro
y negándose a festejar el triunfo con los hipócritas
dirigentes uruguayos. Al día siguiente en Montevideo
huyó de los hinchas y periodistas que los estaban
esperando con un gigantesco cartel luminoso con su nombre,
se colocó un impermeable con la solapa levantada,
anteojos oscuros, un sombrero y desapareció entre
la multitud. Nunca más aceptó hablar en
un reportaje sobre aquella final del ´50.
Mientras Obdulio Varela vistió la camiseta de la
selección uruguaya en un Mundial, ésta nunca
cayó derrotada.