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Sobre
robos, arreglos, droga y brujería |
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Escena
de la final |
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Luego
de la final disputada entre Hungría y Alemania, (donde
los húngaros fueron derrotados luego de mantener
un invicto por más de cuatro años) especialmente
después de la increíble levantada germana
del segundo tiempo, el jugador húngaro Ferenc Puskas,
declaró que el vestuario alemán olía
a “jardín de amapolas” y que
algo tenía que ver con el notable rendimiento del
segundo tiempo y con lo rápido que corrían
los vencedores.
Aunque también tuvo un tiempo para recordar al juez
del partido: “De repente nos dormimos y cuando
despertamos estábamos perdiendo 3 a 2, en los últimos
seis minutos de juego el árbitro inglés Ling
me anuló un gol por un offside que no existió...El
partido, casualmente terminó cuando Czibor (compañero
de Puskas en la selección), iba a ejecutar un córner
a nuestro favor...”.
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Ataca
Puskas en la final |
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También
el jugador húngaro, Nandor Hidegkuti, recordaba:
“De pronto comencé a sentir que las piernas
no me respondían, las órdenes que les daba
a mis músculos no llegaban a destino, la pelota salía
de mis pies débilmente y sin dirección”.
Mientras que Sandor Kocsis, compañero de equipo aseguró
que sobre el césped del estadio Wankdorf, inaugurado
en el mismo año de disputado el torneo y con capacidad
para 55.000 persona, donde se jugó la final, pesaba
una maldición extraña para todo húngaro
que lo pisara. |
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